Content on this page requires a newer version of Adobe Flash Player.

Get Adobe Flash player

PATERNIDADES RESPONSABLES

Contar con herramientas para analizar la realidad desde la perspectiva de género, implica reflexionar acerca de las desigualdades y de las brechas de género, además de poner en la mira las necesidades que hay para lograr una sociedad igualitaria y con el ejercicio de todos los derechos. Desde estas ideas, es importante reconocer que en marzo se conmemora el Día del Padre Igualitario, por lo que, con el fin de abrir espacios para la reflexión, la Red Nacional de Refugios comparte un constructo de varios artículos rescatados de la mesografía con el fin de mostrar una mirada integral a la reflexión de la paternidad responsable. Se reitera la invitación a aportar críticamente estos artículos.

 

Paternidad Responsable

 

La paternidad responsable es aquella que tienen los padres de cumplir con todos los goces y las responsabilidades en la crianza y educación de sus hijos e hijas. Ello trasciende el reconocimiento de su paternidad mediante la acción de la prueba de filiación o la garantía del sustento económico. Se trata de brindarles además todos los recursos materiales, el tiempo necesario para compartir, disfrutar, comunicarse; para que sus hijos e hijas tengan la oportunidad de desarrollarse física, mental, emocional y socialmente en condiciones óptimas de igualdad y de equidad.

El fomento de la paternidad responsable, se sustenta en la premisa de que la atención, la protección y, en general, el proceso de crianza de todo niño o niña, son labores y responsabilidades compartidas entre el padre y la madre. En este sentido, la paternidad se constituye en una función social básica para garantizar la satisfacción de necesidades económicas y materiales del niño o la niña -alimento, vestido, educación, salud, entre otros , y la satisfacción de necesidades afectivas y emocionales -amor, ternura, comprensión, respeto, entre otros-, a fin de asegurar su desarrollo integral.

 

Es necesario promover el ejercicio de una paternidad más amorosa, sin violencia y sin autoritarismo. Para algunos hombres, el papel que hasta ahora se les ha asignado como simples proveedores ya no sólo les es insuficiente sino les significa un obstáculo en la interacción familiar. Reclaman su derecho a interactuar de una manera no violenta con sus hijas e hijos y con sus parejas. Por esta razón proponen redefinir los componentes que hasta ahora han sustentado la paternidad, y reconstruirla basada en el respeto, la equidad y la tolerancia, cruzando por el ejercicio de la sexualidad y hasta la crianza de los hijos y las hijas, que pasa por el deseo o no de tenerlos o tenerlas. Además, se indica el derecho a participar como padres en el embarazo, el parto y el proceso de crianza infantil.

 

Desde el punto de vista jurídico el término paternidad define el vínculo biológico que existe entre los progenitores y su descendencia, e involucra a ambas relaciones: la paternidad y la maternidad. Es importante estudiar separadamente cada concepto porque se considera que este tratamiento ha degenerado en graves injusticias para las madres.

 

 

Aparte de las exigencias propiamente biológicas para la maternidad, como son el embarazo, el parto y el amamantamiento, no existe ninguna actividad dentro de la relación parental que no pueda ser asumida también por el padre. La mujer pone el cuerpo para la gestación, pero el hombre debe acompañar a la madre en todas las tareas

de la crianza. Esto, que parece de perogrullo, no está reflejado dentro de los conceptos jurídicos que recoge la doctrina. Se insiste en ver entonces la paternidad no solo desde el elemento biológico que supuestamente la define, ya que no es el único fundamento de la relación paterno-filial. Hay elementos afectivos, espirituales, sociales, que tampoco son ajenos al reconocimiento legal.

 

Es por lo anterior necesario que al analizar la paternidad se pueda reflexionar sobre los distintos estereotipos de género que se perpetúan e internalizan como mandatos socioculturales, que afectan la forma de ver y estar en el mundo, la forma de actuar, pensar y sentir. Reflexionar sobre el valor que se le atribuye al rol reproductivo de la mujer y al rol productivo del hombre, la cantidad de espacios en los que, aún en la actualidad, se sostiene que el lugar de la mujer es el doméstico y el del hombre, el público; la mujer en el hogar y con las hijas y los hijos, el hombre fuera de él, trabajando para proveer y sustentar económicamente. La imagen del hombre fuerte y la mujer sensible, él activo y ella pasiva, él independiente y ella dependiente, él “sencillo” y ella “complicada”, por mencionar sólo algunos de los estereotipos predominantes que sin duda también inciden en la maternidad y la paternidad.

 

De manera global se debe entender a la paternidad como el proceso psicoafectivo por el cual un hombre realiza una serie de actividades en lo concerniente a concebir, proteger, aprovisionar y criar a cada uno de sus hijos e hijas. La paternidad se construye en la experiencia, y se ve facilitada y reforzada a través de una participación activa durante la gestación, el parto/nacimiento, el período postparto y la crianza.

 

El vínculo del padre con sus hijas e hijos comienza a formarse incluso desde antes del nacimiento. Desde la gestación, el bebé intraútero es capaz de percibir la voz de su papá, diferente a la de su mamá. Se trata de presencias vitales, desde las cuales el niño y niña extrae los elementos necesarios para articular su propia identidad e ir consolidando su estructura yoica.

 

Experiencias como la participación en los chequeos prenatales y en las ecografías, su inclusión durante la gestación, su presencia durante el parto/nacimiento, el mutuo acompañamiento durante esta nueva etapa, la corresponsabilidad en las tareas de cuidado del bebé, facilitan y refuerzan la construcción del vínculo paternal, favoreciendo que el hombre pueda apropiarse de su rol. Ser papá no sólo es comprender, apoyar o pensar en el nuevo presupuesto familiar, es también ponerse en contacto con las necesidades y los placeres.

 

Como la maternidad, la paternidad implica una crisis vital. La vida, los vínculos, la cotidianeidad, los tiempos, las prioridades, las actividades, cambian radicalmente. Pero, como toda crisis, es también una gran oportunidad de crecimiento, tanto a nivel individual, como para la pareja-familia.

 

Siempre suele resultar sumamente enriquecedor promover momentos de diálogo en la pareja para poder enfrentar juntos los cambios que surgen en esta etapa vital, acompañándose, para poder hacer frente a los miedos y tensiones que pudieran ir apareciendo, potenciando la empatía, la comprensión mutua y la colaboración.

 Como punto de reflexión final se puede asumir que la situación social que genera la irresponsabilidad paterna afecta el cumplimiento efectivo de los derechos humanos económicos y sociales de las mujeres, sus hijos e hijas. Toda acción u omisión en contra de la protección de la niñez, se visualiza como un acto discriminatorio, que viola los derechos fundamentales de esta población. La negativa por parte de los padres de reconocer a sus hijos e hijas y el incumplimiento de las obligaciones económicas, afectivas y de crecimiento ubica a los niños y niñas en una situación de discriminación.

 

Fuentes:

Natalia S. Liguori, Sobre la importancia del Vínculo Paterno-Filial, en https://licenciadanatalialiguori.wordpress.com/2016/03/01/sobre-la-importancia-del- vinculo-paterno-filial/

Sin autoría, Tesis de Paternidad Responsable, en http://bb9.ulacit.ac.cr/tesinas/publicaciones/029246.pdf

Red Nacional de Refugios. México, 2014. Todos los derechos reservados. Sitio web diseñado en AIRE.