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LAS MUJERES EN EL MOVIMIENTO DE INDEPENDENCIA DE MÉXICO

Tanto en la educación pública como en la privada, cuando se revisa el movimiento y lucha de independencia de México, se da el reconocimiento de fechas, lugares y personajes que en su conjunto lograron que nuestro país pudiera ser independiente de la opresión y colonia de otros países. Se habla de valentía, poder, unión y soporte entre las personas y es muy evidente, ya que en no solo en los espacios educativos se menciona, que hay ciertos personajes reconocidos como “los padres de la patria” sin embargo difícilmente se habla de las mujeres, su importancia, papel, dinámica y afectación. Esta minimización y peor aún omisión de las mujeres, no solo se da en la educación, sino también en espacios públicos y privados, en espacios laborales, gubernamentales, etc., todos ellos reproduciendo siempre una sola versión de la historia. Sin embargo y en razón del 16 de Septiembre, Aniversario de la Independencia de México, la Red Nacional de Refugios A.C. destina su espacio de reflexión al papel de la mujer en la independencia, reconociendo con ello su importancia y relevancia y visibilizando lo que generalmente esta negado.

 

De manera generalizada, cuando se habla de la gesta heroica del 15 de septiembre, los únicos dos nombres de mujeres que se describen son los de Josefa Ortiz de Domínguez, y Leona Vicario. Sin embargo, miles de mujeres participaron en el movimiento según el medio social en el que se movían, bajo distintos, pero fundamentales papeles. En el caso de los hombres, se mencionan decenas de nombres, se habla de los grandes líderes, mientras que el papel que han desempeñado las mujeres se ha ubicado por lo general en un rol secundario, sin embargo no es así. Las mujeres tuvieron un papel sumamente relevante.

Así, de manera discriminatoria y violenta, se le ha identificado a la mujer como aquella que se dedica exclusivamente al ámbito privado, es decir la que se realiza en las labores domésticas y en el cuidado hacia las y los demás. Sin embargo durante la Independencia de México este no era el prototipo de mujer ideal; en 1810 las mujeres que conformarían la Nueva Nación demostraron que son más que una compañera de cuarto (como las llamaba Guillermo Prieto), una madre o una persona pasiva, pues fue, en gran parte, gracias a ellas que los movimientos sociales mexicanos han formado su historia y dinamismo social.

 

La historia de México está llena de mujeres que se han atrevido a dar el primer paso para que sus iguales sigan avanzado y rompan los esquemas impuestos generación, tras generación.

 

De acuerdo con el proyecto de investigación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), “Mujeres de Latinoamérica en Cifras”, la participación de la población femenina del país en la lucha comenzada en 1810 por el cura Miguel Hidalgo, se encuentra minimizada. Según el documento, la participación de las mujeres en la Independencia de México no sólo se limitó a la espera del término del conflicto, del regreso de sus esposos o a la realización de labores domésticas en los campamentos. En realidad tuvo mucha mayor relevancia, porque fueron responsables de mantener en pie a sus familias y comunidades. (Martínez, 2013)

Este movimiento independentista, contó con el aporte de mujeres de todos los sectores sociales, quienes participaron como espías, mediadoras, guerreras, enfermeras y cocineras. Mujeres que en el anonimato, dejaron a un lado los prejuicios y el reconocimiento social para unirse a la lucha. La participación sobresaliente de la mujer no solo no fue valorada en su totalidad, sino que pocas son las registradas, en particular las mujeres de la clase dominante, esposas de altos funcionarios que se les ha identificado como espejos de hombres sobresalientes.

 

Este olvido en la historia puede tener relación al papel subordinado y discriminante de la sociedad, no obstante muchas fueron las mujeres que desafiaron dichas estructura social y salieron a la batalla no importándoles las consecuencias fatales a las que la mayoría de ellas fueron sujetas.

 

De manera global, las mujeres que participaron en la guerra se han dividido entre aquellas que actuaban como soldadas y otras que lo hacían como soldaderas, señalando como las primeras gozaban del reconocimiento de sus compañeros varones, en virtud del cual fueron recordadas por los cronistas e historiadores del siglo XIX, mientras que las soldaderas, que desempeñaban los trabajos de logística y apoyo que se esperaban de las mujeres, no eran igualmente valoradas y quedaban reducidas al anonimato (Lavrín.1989)

Las mujeres de los grupos menos acaudalados habían tenido una participación fundamental en todas las rebeliones, revueltas y tumultos populares que se habían producido durante el periodo virreinal. Sin embargo, lo que distingue a esta guerra de otras es que se sumaron una gran cantidad de criollas de todo el reino que, como en el caso de las famosas Leona Vicario o la corregidora María Josefa Ortiz de Domínguez, disfrutaban de una posición acomodada. Aunado a esto está el grupo de mujeres indígenas que protagonizaron las revueltas de sus comunidades, en algunos casos siendo sus promotoras, o colaboradoras de los insurgentes, sufriendo por ello terribles represalias. La diferencia con el resto de mujeres de otros grupos sociales, es que las indígenas de comunidad no actuaban de manera individual sino grupal, como se aprecia en el caso del pueblo de Amecameca donde unas 150 mujeres indígenas se unieron con objeto de evitar que sus maridos vayan a la ciudad de México para ser sacrificados en defensa de los gachupines, desencadenando con su acción un tumulto generalizado.

Aunque sólo son conocidas las hazañas de unas pocas heroínas, son muchas las mujeres que, en silencio, participaron en la lucha tanto en la parte insurgente como en la realista de una manera esencial para alcanzar los objetivos nacionales de las dos partes, respectivamente. Así algunas hacían de espías, a través de una red informativa de mujeres, que estaban diariamente en contacto con oficiales y soldados realistas. Por otra parte, mujeres mexicanas casadas con españoles realistas, simpatizaban con los rebeldes, entablaban comunicación con éstos con el fin de reforzar sus capacidades y dotarles de información que difícilmente obtendrían. Con reconocimiento de sus fuentes, las mujeres pudieron identificar la información que servía para derrocar la opresión, tal es el caso de Mariana Rodríguez del Toro, quien tenía un salón en el que la política era un tema de conversación bastante frecuente entre las mujeres. En una de ésas discusiones, Mariana presentó un plan para tomar al virrey como rehén para obtener la liberación de Miguel Hidalgo; desafortunadamente, su conspiración fue descubierta. (Lorente, 2001)

A pesar de las limitaciones, el activismo político de las mujeres se reflejó principalmente en la famosa organización de Los Guadalupes, una sociedad de carácter secreto que tenía su centro en la Ciudad de México, y ramificaciones en distintas partes del Virreinato. La agrupación la conformaban mujeres y hombres de las más diversas clases sociales y estaban unidos por un proyecto común: lograr un mayor margen de autonomía en los asuntos internos del Reino y apoyar al movimiento insurgente para obtener en el menor tiempo posible el triunfo de la Independencia.

Por parte de las mujeres realistas estaban “las patriotas marianas”, éstas fueron la primera organización femenina secular conocida en la Ciudad de México. Su propósito principal era proteger a la Virgen de los Remedios, patrona del ejército realista. Guardaban la imagen de la Virgen en la Catedral y la bordaban en las banderas del ejército, para contrarrestar los estandartes de la Virgen de Guadalupe; además colaboraron con la propaganda española, recolectaron fondos que destinaron, principalmente, para ayudar a las familias necesitadas de soldados realistas. Este grupo estaba formado aproximadamente por 2500 mujeres.

 

Las aportaciones de las mujeres al movimiento independentista no se limitaron a apoyar o esperar el regreso de sus hijos, esposos, hermanos o parientes, sus contribuciones fueron más contundentes y comprometidas, participaron en combates, sumaron bienes materiales, organizaron grupos, curaron heridas, cuidaron enfermos, consolaron a los hombres, sirvieron de correo, alimentaron a las tropas, las abastecieron con agua, ropa y armamento, fueron vigilantes del enemigo, elaboraron explosivos y cartuchos. Con estas y otras acciones mostraron fehacientemente su compromiso con el movimiento independentista. (Rodríguez Guerrero, 2009).

Cabe señalar que estas acciones no fueron exclusivas de mujeres pertenecientes a una particular clase o estrato social, por lo que este movimiento vinculó a diversos grupos pertenecientes a la sociedad de la época, desde la élite criolla hasta las prestadoras de servicios domésticos. Así, siendo importante el número de mujeres que acompañaban a las tropas, no menos numerosas fueron las que se quedaron en sus casas y trabajaron desde sus pueblos por alguno de los bandos. El abandono del hogar por parte de los hombres que decidían tomar las armas dejaba en una difícil situación a sus mujeres ya que, al permanecer en territorio rival, quedaban expuestas a represalias. Sin embargo, las más comprometidas trataron de aprovechar su situación estratégica tras las filas enemigas para colaborar activamente en la guerra sin ser descubiertas.

Independientemente de sus acciones y estrategias, las mujeres en la independencia han sido mayoritariamente olvidadas por los historiadores, dejándolas en la omisión y con ello agrediendo su importancia y relevancia en el movimiento. Así mismo, es importante mencionar que son pocas las fuentes donde se documenta las acciones de las mujeres en el movimiento, además de que las que existen se centran en reflejar el papel estereotípico tradicional de la mujer o bien, en sus relatos demuestran el desconocimiento de la mentalidad y convicciones de las mujeres para participar en el movimiento.

A pesar de las dificultades, podemos tratar de imaginar cuales pudieron ser algunas de las razones que las motivaron a participar activamente en la guerra de independencia: la primera es que hubo mujeres que colaboraron con los rebeldes o siguieron a sus familiares en las campañas militares movidas por el vínculo familiar y social. Aunque puede que, en algunas ocasiones, se transformara en obligación filial o conyugal, como alegaron estratégicamente muchas mujeres apresadas en compañía de sus parientes insurgentes. La segunda es que hubo mujeres, que tuvieron conciencia de los intereses económicos y políticos que enfrentaban a los naturales de la tierra con la Corona. Las mexicanas no vivían de espaldas a todas las circunstancias que concernían a sus familias por lo que, seguramente en muchos casos, no sólo hubo un amor filial detrás del apoyo de las mujeres a sus hermanos, padres o maridos insurgentes, sino que también pudo haber una coincidencia ideológica con los mismos, fruto de una educación en unas circunstancias similares o de la necesidad de defender unos intereses idénticos. (Baena Zapatero, 2009).

 

Finalmente es importante mencionar que son muchas las mujeres que participaron en el movimiento, de una u otra forma, pero con sus colaboraciones activas, lograron que la guerra tuviera como éxito el objetivo principal, la independencia del país. Entre esas mujeres están Mariana Rodriguez del Toro, Leona Vicario, Josefa Ortiz de Dominguez, Rita Pérez de Moreno, Maria Josefa Marmolejo de Aldama, Altagracia Mercado, Antonia Nava, Ana María Machuca, María Francisca “La Fina”, Francisca Marquina de Ocampo, María Josefa Martínez, Maria Manuela Molina, Rosa Jacinta de la Paz, Luisa Martínez, Gertrudis Bocanegra, Ana Yraeta, Carmen Camacho, entre muchas otras.

Con el paso de los años, estudiosas y estudiosos se adentran en la historia del movimiento y salen a la luz más nombres de mujeres valerosas, por desgracia faltan relatos, documentos oficiales, y más descripciones que las visibilicen y las muestren como personajes que instaron a unirse al movimiento independentistas que participaron en la transformación de la historia de México y son pilares de nuestra historia.

 

Las mujeres de la Independencia desobedecieron y quebrantaron las reglas vigentes de su época en los ámbitos social, político y económico; se comprometieron con el movimiento independentista y sus actos las llevaron a enfrentar diversas represalias como exclusión, represión, castigos, humillaciones, cárcel y en algunos casos la muerte. Todo esto por defender las convicciones que consideraban justas e indispensables para la sociedad novohispana, que luchaba sin tregua por conseguir su autonomía y proclamarse finalmente, como una nación libre y soberana.

 

Es importante reflexionar acerca de esta invisibilización, con el fin de nombrar lo omitido, de visibilizar lo negado y de descubrir el papel fundamental y prioritario que han desarrollado las mujeres en la escritura y dinámica de la sociedad y la historia.

Una historia que no cuente la participación de las mujeres en sus movimientos y relatos, será una historia sesgada, violenta y sacrificada a un objetivo, parcializar la información. La Red Nacional de Refugios, invita a que cada día y en especial cada 15 y 16 de Septiembre, las mexicanas y mexicanos reconozcamos y conmemoremos a las mujeres y hombres que nos permitieron tener una nación libre e independiente.

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