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TRABAJO DOMÉSTICO,  DE LO INVISIBLE A LO VISIBLE

De manera generalizada, el trabajo doméstico es poco reconocido en la sociedad, tomándose como una actividad exclusiva de las mujeres, partiendo de la estereotipada obligación femenina de mantener “su hogar” en adecuadas condiciones para que las demás personas que integran la familia, vivan en él. Sin embargo, este mes la Red Nacional de Refugios, dedica su espacio mensual para mirar el trabajo doméstico, reconociéndolo y por lo tanto haciéndolo visible, tanto como actividad cotidiana como para aquellas personas que son trabajadoras domésticas.

Entender de manera integral el trabajo doméstico, obliga a reconocerlo como el conjunto de actividades que se realizan en todos los hogares de manera cotidiana. Este tipo de trabajo incluye actividades para el mantenimiento del hogar, tales como elaboración de alimentos, cuidados de higiene y de la salud, atención a niñas y niños y a personas enfermas y ancianas. Todas estas actividades transcienden en el equilibrio emocional-afectivo, así como en la socialización de las personas. (INMUJERES s/f).

A pesar de que las labores de cuidado del hogar, específicamente aquellas que mantienen la higiene y los hábitos de salud son indispensables para el funcionamiento de quienes habitan en ese mismo espacio llamado “hogar” o “casa” y por lo tanto de la sociedad en su conjunto, el trabajo doméstico se encuentra fuertemente desvalorado y las actividades que se realizan  son frecuentemente consideradas como innatas y exclusivas de la mujer. Esto debido a que el trabajo doméstico ha reemplazado generalmente al trabajo no remunerado que tradicionalmente realizaban las mujeres como “dueñas de casa”, lo cual explica su desvalorización en términos culturales y económicos.

Hablando del trabajo doméstico no remunerado y las actividades  que involucra, es necesario mencionar que en el caso de las mujeres, éstas se enfrentan a una disyuntiva entre la participación en el trabajo remunerado –necesario para la sobrevivencia para la gran mayoría- y el trabajo doméstico. Es la disyuntiva entre el ámbito público y privado, el primero un espacio aun restringido y discriminado y el segundo, un  trabajo arduo, no reconocido. Frente a la situación actual, este dilema se convierte en una participación obligatoria. Las mujeres generalmente en este espacio, debido a la desigualdad de género se ven cotidianamente “obligadas” a estar al cuidado del hogar y las niñas y niños, representándole una actividad de jornadas de más de 10 horas al día, en donde de manera general se queda en segunda posición, es decir, quedan al servicio de alguien más, ya sea de la casa, de la pareja, de las hijas e hijos o bien de otras personas. El trabajo doméstico no remunerado es donde se observa mayor desigualdad en las condiciones de vida de mujeres y hombres, la cual se expresa con mayor claridad, además de que muestra la sobrecarga de trabajo a la que están expuestas las mujeres.

En promedio, las mujeres dedican a los quehaceres domésticos entre diez y veinte horas semanales más que los hombres, y entre ocho y quince horas semanales más al cuidado de otras personas, condición que se ha incrementado en el periodo 2008 a 2012. (INEGI, 2014).

Para la mayoría de las mujeres y en especial para las madres solteras, el trabajo doméstico representa una cuestión cotidiana que realizar, implicando una doble o triple jornada al día, ya que si han incursionado en el ámbito público para sostener económicamente su hogar, dedican un promedio de 8 horas a un empleo remunerado y un promedio de otras 8 o 10 horas al día en el trabado doméstico, entre la compra, preparación y distribución de alimentos, limpiar, ordenar y lavar ropa, muebles, casa y trastes, cuidar a las hijas e hijos, el desarrollo de habilidades, normas, valores, etc. Es decir, las mujeres se discuten entre la economía visible y reconocida y entre la oculta e invisible, que le genera más acciones y ningún recurso económico. Las mujeres llevan una sobrecarga de trabajo ya que deben dividir su tiempo entre labores remuneradas y el trabajo doméstico no remunerado.

Es cierto que en una menor proporción, el trabajo doméstico, es realizado por hombres, quienes se involucran en las actividades del hogar en una visión equitativa y que responde a la responsabilidad de todas las personas habitantes de un mismo hogar. Sin embargo, la cantidad de horas que dedican estos  hombres al trabajo doméstico, es mucho menor que el que emplean para una actividad remunerada, representando con esto una disparidad con la proporción que dedican las mujeres. Desde esta postura, solo en una sociedad equitativa e igualitaria se podrá lograr que tanto mujeres como hombres se involucren en las actividades del cuidado del hogar como de las hijas e hijos.

Por lo tanto, es necesaria una resignificación del trabajo doméstico, en donde se vea como actividad que implica un amplio esfuerzo y que además, representa una forma de desigualdad entre mujeres y hombres. Obligatorio visibilizar lo que ha estado por años invisibilizado, es decir, que se pueda dar reconocimiento al trabajo doméstico cotidiano, como una actividad que implica grandes esfuerzos e inversión de tiempo y recursos y que además, perpetua, en las condiciones actuales, la desigualdad.

Ahora bien, en el caso del trabajo doméstico como actividad laboral en donde incursionan hombres y mujeres, debido a la ausencia de reconocimiento del valor que tiene este trabajo, y debido a que sus funciones consisten en la reproducción de condiciones adecuadas y necesarias para la vida cotidiana, lo ha llevado a ser ignorado en legislaciones y a estar en desventaja en términos comparativos con otros trabajos. En menor proporción es realizado por hombres en actividades como la jardinería, el manejo de automóviles y la seguridad, sin embargo la incursión de las mujeres es mucho mayor en este ámbito.  (Retomado de Situación del Trabajo Doméstico Remunerado en América Latina, Valenzuela, OIT, 2012.)

 

De manera general las mujeres que se dedican a este tipo de actividades, se enfrentan a bajos salarios e insuficiente o inexistente protección social. Posiblemente, la desvalorización e invisibilización por parte del Estado del trabajo doméstico, se debe al ámbito donde se realiza, el privado, el hogar, siendo invisible a los ojos públicos.

Las trabajadoras domésticas se enfrentan a tratos desiguales, injustos y frecuentemente abusivos. En su mayoría trabajan más horas que las establecidas como legales para otros trabajos, se encuentran menos protegidas en términos de seguridad social y son mal remuneradas. A ello, hay que sumarle  que de manera general se realiza su trabajo en un contexto aislado, implicando dificultades en cuanto a lograr mejores niveles de organización y de negociación colectiva para mejorar sus condiciones laborales.

A pesar de ello, representa hoy en día una parte importante de la fuerza laboral, especialmente en los países en vías de desarrollo, como México.

El número de trabajadoras domésticas en el mundo ha aumentado a más de 100 millones, de los cuales cerca de 14 millones son mujeres latinoamericanas, y se proyecta  que esta tendencia seguirá aumentando en el futuro. (Valenzuela, Organización Internacional del Trabajo, 2009.)

Las personas que se dedican al trabajo doméstico son mayoritariamente mujeres, sus condiciones de trabajo están entre las más precarias y de manera general carecen de las condiciones adecuadas por  retribución para tener una vida digna. Aunado a esto, hay que mencionar que el trabajo doméstico ha tendido a establecer jerarquías basadas en condiciones socioeconómicas, de raza y etnia, justificando en razón de estas, la discriminación, explotación y violación a sus derechos humanos.

Se ha dado un incremento también en emplear como trabajadoras domésticas a mujeres, niñas y niños migrantes, dentro y fuera de sus países. La demanda de este tipo de trabajos se ha incrementado por la participación de las mujeres en el mercado laboral, la carencia de políticas públicas del Estado que permitan conciliar el trabajo con la vida familiar, la feminización de las migraciones internacionales y el envejecimiento demográfico de las sociedades.

Reconociendo toda la situación, es imperativo reconocer que existen retos en el reconocimiento y el valor del trabajo doméstico, de inicio, cualquier análisis o legislación que se haga debe tener en cuenta la situación de las trabajadoras domésticas en el contexto donde se encuentran, entendiendo las dinámicas económicas y sociales que hacen del trabajo doméstico una de las principales fuentes de empleo femenino, pero que sin embargo permanece invisible para la legislación laboral, como actividad productiva y como relación de trabajo.

En la Red Nacional de Refugios, se hace evidente la necesidad de reconocer y brindar protección jurídica al trabajo doméstico y garantizar que las y los empleados domésticos tengan un trato digno, seguro y libre de discriminación y otro tipo de violencias, en su relación con la empleadora o empleador, evitando abusos, explotaciones o menoscabo de sus actividades, así como mejorar las condiciones precarias de trabajo, resignificar la ideología de servicio que considera lo doméstico como naturalmente femenino, reforzando con ello la subordinación de género.

En la Red Nacional de Refugios estamos seguras que si se suman acciones en la búsqueda de la protección laboral de las mujeres que se dedican al trabajo doméstico, se busca la forma de establecer la dignidad en su trato y en su salario, entonces se iniciara con el otorgamiento que tiene y que requiere.

Invitamos a que cada  22 de Julio, Día Internacional del Trabajo Doméstico, desde las diversas esferas en donde nos desarrollamos hagamos visible la importancia del trabajo que se realiza todos los días en el hogar reconociéndolo y reflejando su doble connotación, es decir, trabajo doméstico como actividad remunerada, y por otra, para que todas aquellas mujeres que lo realizan como parte de la cotidianidad en el ámbito privado de su hogar y que no son reconocidas por ello, empiecen a reconocerse como mujeres productivas y que desempeñan un trabajo importante, eliminando la frase: “no trabajo, soy ama de casa” y sea un motivo más para dedicarse tiempo para si mismas.

El trabajo doméstico constituye una de las múltiples ocupaciones que realizan las mujeres día a día, como actividad remunerada y/o como actividad privada en sus hogares, la intención  de dar reconocimiento y valor a este arduo trabajo, es entender que se requiere de una resignificación del mismo, de los roles que se justifican y que lo justifican, así como de visualizar las indiscutibles carencias con las que aun cuentan cada una de las trabajadoras domésticas. Este 22 de Julio, la Red Nacional de Refugios A.C., reconoce a todas las trabajadoras domésticas remuneradas o no, por su invaluable labor, así como a todas las mujeres que en su día a día, dedican su tiempo a tener un hogar digno, invitando a que todas las personas demos una mirada de reconocimiento a esta actividad.

 

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