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MUJERES JUNTAS...SORORIDAD Y PACTOS ENTRE MUJERES

Carolina Grajales Valdespino

Desde tiempos remotos se ha visto como “normal” la mala relación entre mujeres o al menos se ha tipificado como “agridulce”. Se ha vuelto “natural” repetir dichos como: “mujeres juntas, ni difuntas” o “la peor enemiga de la mujer es la propia mujer”… en este contexto, considero todo un acierto conmemorar el Día del Amor y extenderlo a la Amistad, pues invita a reflexionar sobre los lazos entre mujeres y pensar en resignificarlos. Hace algunos meses, reporteras de un canal televisivo preguntaron, al azar en la calle a mujeres y hombres, sobre la amistad entre mujeres y la respuesta generalizada fue muy negativa; señalaban que, por su “naturaleza”, en las mujeres predominaba la traición, la incapacidad de la amistad, además de ser las peores jefas… en este tenor pintaban la mayoría de las respuestas. Tales creencias muestran lo que en español tiene un nombre, y es misoginia; aversión u odio hacia las mujeres, según la Real Academia de la Lengua Española.

La misoginia es un componente de la estructura patriarcal o dominio de lo masculino, ha regido a las sociedades durante dos mil años de historia y tiene múltiples expresiones, algunas pueden parecer hasta irrelevantes; quizá por ser tan cotidianas y recurrentes nos hemos ido acostumbrando a ello y lo aceptamos como “lo normal”. Hay, a lo largo de la historia, personajes como Moliere, Rousseau, Aristóteles, San Pablo, Pitágoras, Platón, Schopenhauer, Balzac, entre otros varones de relevancia para la humanidad por sus aportaciones en diversos campos del conocimiento, quienes pese a provenir de diversos países, ideologías, culturas y épocas históricas, tienen algo en común: su misoginia. Desde su posición de poder se han burlado de las mujeres y nos han calificado al menos de: brujas, indolentes, vanas, infieles, aliadas de Satanás, veleidosas, seres de cabellos largos e ideas cortas, entre otras. Sus ideas están en las leyes y en los textos con los cuales se forman generaciones de profesionales, quienes las reproducen en el mundo, con funestas consecuencias.

 

Habrá quien proponga oídos sordos ante estos hechos, pues ¿qué podemos hacer? Pero como decía Brecht: nada debe parecer imposible de cambiar. La misoginia en este momento está retornando a sus peores facetas, como lo muestra el rapto y esclavitud sexual de niñas y mujeres en Irak y países del área. Mujeres como botín de guerra, otra vez. Recordemos la violación masiva y el embarazo forzado en Bosnia-Herzegovina contra Serbia en los noventas y algunos casos en México. Sin olvidar el mitológico rapto de las Sabinas. Afirmaba Octavio Paz: “Como casi todos los pueblos, los mexicanos consideran a la mujer como un instrumento, ya de los deseos del hombre, ya de los fines que le asignan la ley, la sociedad o la moral. (…) En un mundo hecho a la imagen de los hombres, la mujer es sólo un reflejo de la voluntad y querer masculinos.” (Paz, Octavio; 1992: 12-13). Ante un problema de tal dimensión no hay receta, sin embargo, una larga caminata empieza con el primer paso y ese si lo podemos dar.

Si las mujeres vemos lo anterior, aunado a que tanto la competencia como la envidia pueden estar presentes en nuestras relaciones con las otras (igual que entre los hombres) y decidimos enlazarnos en un pacto, un compromiso de no agresión surgido a partir de observar la discriminación hacia nosotras dentro de esta sociedad patriarcal y que esto nos compete a todas. Tenemos mucho por hacer. A esto le han llamado Sororidad, proviene del latín Sor o Hermana. No se trata de una novedad, desde el Siglo XV, Christine de Pizan (1364-1430), proponía la co-sororidad, la creación de una ciudad donde las mujeres pudieran crecer y luchar contra la misoginia emitida por la intelectualidad. (Arauz, D.; 2005: 20) Conlleva una práctica de confianza, amistad, apoyo entre mujeres y cuidado mutuo entre pares, sin jerarquías y se reconozcan como interlocutoras confiables, compartan recursos, tareas, logros y otros. Marcela Lagarde define la Sororidad como “la alianza de las mujeres en el compromiso (…) contra otros fenómenos de opresión y por crear espacios en que las mujeres puedan desplegar nuevas posibilidades de vida.”

 

Se propone superar lo tradicional como la competitividad, la agresividad y reconocer las subjetividades. Hacer un trabajo en equipo, transformando valores como el poder; no aplastar, sino ejercer el poder para emprender y resolver. Construir en colectivo, a diferencia de la Solidaridad que propone el apoyo pero no modifica las condiciones, la Sororidad sí busca el cambio social. Para empezar, un granito de arena: escribir una lista de las mujeres valiosas en nuestra vida, recordar lo positivo de ellas, las que me cuidaron, de las que aprendí, las que me han acompañado en la dificultad, mis cómplices, mis amigas, quienes han apoyado en las colectividades en donde participo… Decidir ser empáticas con las otras, sin hacer eco de los dichos y burlas contra ellas, pues van para todas.

 

La Sororidad busca modificar primero tu entorno cercano: las familias, las amistades… practicar vivir sin violencias ni discriminación a partir de crear nuevas formas de relación social entre mujeres y hombres. Empezar rompiendo mitos: porque las mujeres sí pueden estar juntas y trabajar para cambiar esta sociedad y construir un mundo diferente. Carolina Grajales Valdespino (Febrero 2015).

 

Al respecto del artículo anterior, en la Red Nacional de Refugios en este mes de febrero, invitamos a que desmitifiquemos que las mujeres no pueden estrechar relaciones en un compromiso de solidaridad y apoyo, así mismo a que rompamos los esquemas que marcan este día como un proyecto en donde se otorgue el cariño y productos a otra persona, sino más bien propongamos por un autorreconocimiento, que nos permita como mujeres identificar nuestras necesidades, habilidades y límites, poniendo con ello la pauta para el autocuidado, estableciendo que la relación más importante que debe estar cubierta de reconocimiento y poder, es con nosotras mismas.

 

Con el fin de ahondar más acerca de la sororidad, proponemos la lectura de la definición de sororidad que señala la Dra. Lagarde, quién ha sido de las precursoras mujeres feministas en México e internacionalmente en acuñar el término. Marcela Lagarde define la sororidad frente a la enemistad construida socialmente que enfrenta a familiares, amigas, compañeras, enfrenta a la dirigente. La sororidad, es una política feminista, que implica asumir la causa y postura feminista, es una alianza feminista entre mujeres dispuestas a la construcción de los derechos humanos de las mujeres y todo aquello que favorezca su vida pacífica. El feminismo es una política a favor de la igualdad y en la eliminación de la violencia hacia las mujeres. 1

 

Si la sororidad es una política a favor de los derechos y es una forma de interpretar y vivir la vida, la Red Nacional de Refugios invita a que todas las mujeres se sumen a esta visión, ya que en ella se busca la alianza, el apoyo y la solidaridad. Es imperativo de una sociedad democrática vivir en igualdad, en donde todas las mujeres tengan los mismos derechos. Para conocer más, la Red Nacional de Refugios A.C. recomienda revisar la Conferencia “Sororidad”, como un excelente recurso para adentrarse en el tema y conocer con mayor cercanía las postulaciones de la Dra. Marcela Lagarde. Dejamos la liga para ver la conferencia:

 https://www.youtube.com/watch?v=8CKCCy6R2_g

1 Conferencia Magistral “Sororidad y el trabajo en redes a favor de los derechos de las mujeres” en Red Nacional de Refugios A.C. 2014. Para consultar las reflexiones acerca de la Sororidad de la Dra. Marcela Lagarde revisar El Feminismo en mi Vida. Hitos, Claves y Topias, 2013.

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