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NUEVAS FORMAS DE JUGAR. EL JUEGO Y JUGUETE NO SEXISTA, NO VIOLENTO

Iniciando el año 2016, es necesario reflexionar acerca del impacto que tienen las situaciones invisibles en nuestro hacer cotidiano, y a propósito de ser enero el mes en que niñas y niños reciben juguetes, la Red Nacional de Refugios comparte este interesante material realizado en España para explicar, socializar y emprender a usar el juego no violento y no sexista. Esta herramienta es un material disponible que dota de herramientas para poder dar un nuevo significado al juego, desde un enfoque de igualdad y libre de violencia. Este material es parcialmente retomado del material “Nuevas Formas de Jugar, Campaña del Juego y el Juguete no Sexista, no Violento. Guía para transformar los juegos tradicionales” editado por el Instituto Andaluz de la Mujer.

Los juegos han conformado, y siguen conformando, un mecanismo de aprendizaje que está presente y se desarrolla, de manera significativa, en los primeros años de vida. De este modo, se podrían definir como una forma de socialización que ha de ser revisada desde múltiples factores: espacios, roles, tiempos... una manera de interpretar el mundo desde la subjetividad.

La socialización de género, como indican algunos estudios, comienza en el embarazo y se desarrolla a lo largo de toda la vida. El juego en la primera infancia ocupa un lugar fundamental en este proceso, niñas y niños no eligen libremente a qué jugar sino que, muchas veces, tienen una clara influencia marcada por el género.

Los primeros juegos se llevan a cabo en el ámbito familiar, en esta parte de la infancia se desarrollan habilidades sociales que no están exentas de cargas de género. A las niñas se les inculca el cuidado, la paciencia..., mientras que a los niños se les inspiran otras habilidades, como la competencia, la actividad, el valor o la fuerza. La interacción entre la familia y la niña y/o el niño en los juegos es un medio de conocimiento y comunicación que influye en la socialización desde aspectos como: el uso del lenguaje, la forma de este lenguaje, la simbología, los colores, los juguetes...

 

La adscripción de los roles en función del sexo es algo muy presente aún en nuestro alrededor. Determinados comportamientos de hombres y mujeres son vistos como «naturales» y, por tanto, son difíciles de transformar. La falta de conciencia provoca, en muchos casos, una barrera invisible que nos impide subvertir la norma y aceptar los comportamientos desiguales de género como una cuestión intocable.

 

La desigualdad de género, invisible por gran parte de la población, se personaliza en muchas situaciones como la violencia contra las mujeres, la desigualdad de oportunidades, la diferencia salarial, la falta de conciliación de la vida laboral y familiar, las renuncias personales de numerosas mujeres... y un largo etcétera que encontramos en la cotidianidad. Asimismo, también los hombres sufren esta desigualdad de género en aspectos como la negación de algunos sentimientos, la demostración social y sexual... Aunque los costes personales y las consecuencias son diferentes en mujeres y hombres, no benefician a nadie.

Los cambios acontecidos en las últimas décadas en relación a la igualdad entre sexos, sin perder la valoración positiva, distan de haber conseguido una transformación real en la relación entre hombres y mujeres. Las mujeres están experimentando transformaciones en muchos campos, sin embargo, existen multitud de aspectos que quedan por revisar y analizar.

 

La igualdad real se confunde en ocasiones con una masculinización de las mujeres que, en ausencia de modelos, copian e imitan el modelo dominante, el modelo masculino. A su vez, los hombres, aunque con algunas excepciones, no ven necesaria ni propia la lucha por la equidad de género, por tanto, son menos permeables a cuestionamientos sobre su masculinidad.

La escuela, al igual que el resto de los agentes de socialización, reproduce los esquemas androcéntricos, fomentando la incorporación de pautas y comportamientos patriarcales. Esta influencia de la escuela se lleva a cabo, principalmente, desde dos mecanismos: el currículum oculto y el currículum explícito. Ambos currículum intervienen en la perpetuación de los roles de género, sin embargo el currículum oculto es «invisible» y es necesario hacerlo visible para poder intervenir. De ahí la necesidad de un diagnóstico, que nos permita visibilizar las desigualdades y mostrarnos un camino de trabajo en función de las necesidades encontradas. Así, la coeducación es el camino para un aprendizaje no sexista, no violento y fundamentado en valores.

 

Otro de los aspectos, que han de ser tomados en consideración a la hora de coeducar es no masculinizar la educación. En multitud de ocasiones se confunde la coeducación con la libertad de las niñas para hacer lo que antes sólo hacían los niños, así como la posibilidad de las mismas para acceder a algunos espacios masculinos. Si las niñas juegan al fútbol se piensa que existe igualdad en los centros educativos; sin embargo, en muy pocos casos se observa a los niños jugando a lo que antes sólo hacían las niñas.

 

Al mismo tiempo, también se piensa que coeducar es «dar una oportunidad a las niñas» para llegar a dónde están los niños, no se ve la necesidad de deconstrucción del género masculino y del género femenino.

 

 

Esto se traslada a la realidad social que nos encontramos, en la que las mujeres cada día, en mayor proporción, ocupan cargos, espacios y roles que antes eran masculinos, y sin embargo esto no se traduce en una incorporación de los hombres a ámbitos tradicionalmente femeninos.

 

La sociedad, y en especial las familias y los centros educativos, han de mostrar nuevos modelos de hombres y mujeres no basados en estereotipos de género. La relación entre familias y centros educativos se configura como una de las herramientas básicas para el desarrollo coeducativo de futuras personas. Aunque la escuela mixta es un hecho, no podemos pensar que las discriminaciones por razón de género estén superadas. La realidad social que encontramos en la actualidad nos muestra otra cara que es imposible obviar y que requiere de una transformación desde múltiples ámbitos, siendo imprescindible la familia.

 

La identificación de las niñas y los niños con sus roles dentro de los juegos influye en su manera de interpretar el mundo. La elección de estos juegos reproduce las desigualdades de género, fomentando unas cualidades en las niñas, tales como el cuidado, y otras muy diferentes en los niños, como el valor. Esta elección de roles y de actitudes, activas o pasivas, habría que analizarla en función de los valores, qué valores incorporan las niñas y cuáles los niños.

A su vez, este fenómeno influye en la expresión de los sentimientos no dejando a las niñas enunciar emociones como la ira, y a los niños no expresar sentimientos como el miedo o la tristeza. La educación sentimental debe estar presente en los juegos como elemento transversal, niñas y niños han de aprender a identificar sus propias emociones.

 

Por todo esto, es necesario un replanteamiento de los juegos y los juguetes que utilizamos, un análisis profundo de qué modelos de «ser mujer» y «ser hombre»fomentamos con estas acciones. Un análisis que nos permita utilizar los juegos como medio para desarrollar actitudes y comportamientos, en niñas y niños, que conduzcan a establecer un nuevo modelo de relaciones sociales basado en la igualdad, en el respeto y corresponsabilidad entre mujeres y hombres.

 

En los primeros años de vida, niñas y niños desarrollan una actividad muy común a sus edades, la imitación. En la infancia comienzan a reproducirse aquellas acciones que más nos llaman la atención, como por ejemplo, jugar a papás y mamás. Las niñas se identifican con aquellas acciones que realizan sus madres y/o modelos femeninos de referencia, y que son reforzadas con juguetes, actitudes, simbologías..., como jugar a las cocinas, cuidar de muñecas, etc. Por su parte, los niños se fijan en sus padres y/o modelos masculinos, por tanto juegan al fútbol, a construir. Tales actividades son desarrolladas por las personas adultas, principalmente en dos ámbitos, el público, más relacionado con los roles masculinos, y el privado, identificado con los roles femeninos.

 

Uno de los ejemplos que se perciben con mayor claridad es la agrupación por sexos en el juego. Hoy día se hace complicado observar a niños y niñas jugar a cosas comunes, los niños siguen ocupando la mayor parte de los espacios públicos, mientras que las niñas, aunque menos que hace algunos años, siguen siendo protagonistas en los espacios privados.

 

En este campo, la familia supone un elemento fundamental para el aprendizaje inicial, es el agente que muestra y permite el desarrollo de pautas, muchas veces androcéntricas, que marcan la adscripción inicial de valores.

 

El tiempo es otro elemento determinante del juego, a más tiempo mayor ocio, y, aunque se han dado cambios, las chicas siguen albergando mayores responsabilidades frente a los chicos, lo cual las hace carecer de más tiempo libre.

Los juegos tradicionales reflejan las estructuras sociales y los roles de género. En este sentido, es importante la recuperación del juego tradicional, con sus valores positivos, pero teniendo en cuenta un análisis crítico desde la perspectiva de género e introduciendo cambios que conduzcan a aprender a jugar en igualdad.

¿Cómo convertimos un juego tradicional en juego coeducativo?

 

Los juegos nos remiten a una visión de la realidad, a través de los roles que se transmiten. Por ello, es necesaria una revisión de los juegos tradicionales o populares desde múltiples perspectivas para no incidir de nuevo en posturas dominantes masculinas y/o competitivas.

Existen desigualdades en el tipo de juegos en los que participan chicas y chicos, así como en la forma de llevarlos a cabo, todo ello nos exige abordar prácticas coeducativas que rompan con los roles establecidos.

 

A continuación se muestran algunos aspectos que han de ser tomados en cuenta para transformar los juegos tradicionales en juegos coeducativos-cooperativos:

 

 Utilizaremos los juegos como recursos didácticos en los que ofrezcamos nuevos modelos de actuación.

 Es necesario intervenir para modificar las actitudes sexistas o violentas y el rechazo a la participación.

 Debemos formar grupos heterogéneos, donde chicas y chicos interactúen y participen de forma equilibrada.

 Debemos evitar el liderazgo permanente de una persona o un grupo de personas. Se trata de aprender a cooperar en igualdad.

 Todas las personas deben pasar por los diferentes estadios del juego.

 Hay que tener en cuenta las habilidades y posibilidades de cada participante eliminando los roles tradicionales quedesempeñaban los chicos y las chicas y atendiendo a sus

circunstancias personales.

 Rescataremos siempre el lado positivo del juego, no nos quedaremos con aspectos

negativos.

 Todas las personas que intervienen en el juego han de saber sus reglas, evitaremos dar las

cosas por sabidas.

 Evitaremos la expresión de quién juega bien y quién juega mal y nos centraremos más en

la forma de participación.

 Para cada juego haremos grupos, no utilizaremos lo individual. Los grupos pueden ser

desde 2 personas (chicos y chicas).

 La finalidad del juego no ha de ser ganar sino participar igualitariamente

 

Una de las principales características de los juegos tradicionales está en la interacción entre personas, interacción que en la actualidad se pierde convirtiéndose en individualidad.

El cambio social de las últimas décadas deriva, entre otras cosas, en un cambio en el estilo de juego. Las niñas y los niños están desarrollando sus infancias cada vez más en espacios cerrados y, en muchas ocasiones, en soledad. La interacción entre personas, propia de los juegos populares, se convierte en una interacción con máquinas, videojuegos, ordenadores, televisión..., situación que muestra la falta de comunicación y diálogo existente.

Sin embargo, tal y como se ha señalado antes, aún ofreciendo una mayor interacción, los juegos populares fomentan determinadas actitudes y comportamientos que favorecen poco el clima de grupo y, aún menos, la ideología coeducativa.

 

Para consultar el material completo: Instituto Andaluz de la Mujer,

 

http://www.aulaviolenciadegeneroenlocal.es/consejosescolares/archivos/Mat_185_Guia_Nuevas_formas_de_jugar.pdf

 

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