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MUJERES INDÍGENAS Y GÉNERO, UN IMPERATIVO ANÁLISIS

Para hablar de las mujeres indígenas hay que describir su situación y ampliar la comprensión respecto de su devenir histórico de opresión, condición que viven hoy día y con la que luchan desde hace más de 500 años. Las mujeres y en especial las indígenas, han estado bajo la discriminación genérica, racial, política, económica, cultural y existencial que tiende a la invisibilización y por lo tanto la normalización.

Al invisibilizar a las mujeres indígenas, a sus pueblos y a  sus propios conocimientos sobre la vida, se les prohibió el ejercicio de sus prácticas y de sus individualidades imponiéndoles un conjunto de identidades y una visión de mundo lejanos a su cotidianeidad, añadiendo con ellos un conjunto de violencias, totalmente discriminatorias y en detrimento de su ser. Por tales motivos, la construcción de género asociadas a las mujeres indígenas, adquiere el matiz de subordinación, agregando a esto la distinción de la raza y de la sexualidad. Las mujeres indígenas han sido y son violentadas ejerciendo control sobre su cuerpo  y mente.

Si pretendemos entender la situación de las poblaciones indígenas y en especial las mujeres, niñas y niños, se debe visualizar la identidad, sentido y acción comunitaria y social, así como el rescate y conservación de su memoria histórica vía la tradición oral, en donde fluyen los conocimientos ancestrales que hacen posible otras formas de vida y de relación mucho más justa y equitativa.

Hay que insistir en que la construcción de género asociada a las mujeres indígenas debe ser abordado en su complejidad y apegado a su realidad, es decir, considerando todo el entramado de significaciones individuales y representaciones sociales analizando las dimensiones desde las que son violentadas, sean estas las de género, clase, raza y/o sexualidad. Así vemos entonces la multiplicidad de barreras que recaen sobre las mujeres y niñas indígenas.

La consiga es no fragmentar sus vidas ni  reducirlas al ámbito familiar, a relaciones de pareja, como objeto sexual, ni de raza o clase puesto que, seguiremos justificando y normalizando las violencias, y por tanto siguiendo insertándolas exclusivamente en el ámbito privado. Es imprescindible visualizar estas violencias que viven las mujeres y niñas indígenas, ya que así podremos hacer notar su relación con la opresión sobre cuerpo y mente.

Las poblaciones indígenas y en específico las mujeres, niñas y niños enfrentan discriminación –de clase, raza, sexo, género y sexualidad-; enfrentan la invisibilización y negación de sus lenguas maternas y el ejercicio de sus prácticas culturales; enfrentan violencia del Estado cuando no se les reconocen y aseguran sus derechos, lo mismo que cuando se emprenden acciones que van en contra de sus identidades y representaciones sociales; enfrentan, con sus pueblos, los desplazamientos y despojos de territorios que han habitado desde siempre y con los que establecen vínculos espirituales; enfrentan la pérdida de sus saberes que son estigmatizados como ilegítimos, tribales o primitivos; enfrentan la imposición de una imaginación genérica social que las inferioriza, deshumaniza y degrada; enfrentan muchas más adversidades que pesan, como hemos dicho, sobre su cuerpo y mente.

Las poblaciones indígenas y en específico las mujeres, niñas y niños enfrentan discriminación –de clase, raza, sexo, género y sexualidad-; enfrentan la invisibilización y negación de sus lenguas maternas y el ejercicio de sus prácticas culturales; enfrentan violencia del Estado cuando no se les reconocen y aseguran sus derechos, lo mismo que cuando se emprenden acciones que van en contra de sus identidades y representaciones sociales; enfrentan, con sus pueblos, los desplazamientos y despojos de territorios que han habitado desde siempre y con los que establecen vínculos espirituales; enfrentan la pérdida de sus saberes que son estigmatizados como ilegítimos, tribales o primitivos; enfrentan la imposición de una imaginación genérica social que las inferioriza, deshumaniza y degrada; enfrentan muchas más adversidades que pesan, como hemos dicho, sobre su cuerpo y mente

 

A pesar de la activa y enorme contribución a la sociedad, las mujeres indígenas todavía sufren de múltiple discriminación, como mujeres y como indígenas. Padecen la extrema pobreza, el tráfico, el analfabetismo, la falta de acceso a sus tierras ancestrales, cuidado médicos inexistentes o pobres, y la violencia en la esfera privada y pública. Esta violencia es exacerbada cuando las comunidades indígenas se encuentran en el medio del conflicto y las mujeres se convierten en blanco de la violencia con motivos políticos, mientras deben continuar con su trabajo diario. (ONU, 2014) Un estudio reciente del Banco Mundial en Latinoamérica señala que la pobreza entre la población indígena y en especial en las mujeres es crónica y severa, y que sus condiciones de vida son peores que las que tiene el resto de la población rural, cuestión que es reconocida e insertada en la identidad de los grupos étnicos.

 

En relación al imaginario sobre las mujeres indígenas, hay que enfatizar en la imagen que sustenta la asimetría y desigualdad y que prioriza al género masculino, justificando erróneamente la dominación sobre ellas. Esta desigualdad de género, actúa en la educación formal y permea la no formal, es la imagen de lo femenino atado a lo biológico la que explica el mundo moral diferenciado jerárquicamente.

Finalmente, habría que hacer una pausa acerca del pensamiento materno de las mujeres indígenas. Según algunas investigaciones étnicas y antropológicas, el principal nodo acerca de las comunidades indígenas en relación a la infancia es que la crianza se ejerce sobre principios de autonomía en las niñas y los niños. (María Bertely)

En relación a lo anterior, hay que mencionar que entre las violencias ejercidas en contra de mujeres indígenas, esta aquella sobre su pensamiento materno; aunque hay que precisar que este tipo de pensamiento no es exclusivo de lo femenino sino que se comparte con lo masculino y que se extiende al cuidado de la vida en general. Vemos que la maternidad vista desde las comunidades indígenas, garantiza la protección de la niñez, sin embargo este pensamiento que llamamos maternal legítimo y natural, se convierte en actitudes morales no biológicas. La aportación que haga el pensamiento materno indígena, contribuirá decididamente a reparar una de las grandes rupturas en torno al conocimiento y a la vida, pues el planteamiento de un pensamiento materno con esas características visualiza la dominación masculina. Haciendo hincapié en la situación de la salud de las mujeres, niñas y niños indígenas, es importante señalar que acuerdo a los estudios específicos sobre la situación de la salud de los pueblos indígenas, estos tienden a mostrar su alta vulnerabilidad, así como su permanente exposición a diversos factores de riesgo. Aunque han sido importantes los avances que en esta materia se han realizado en los últimos años, aún existen rezagos por superar, como se expresa en el hecho de que la esperanza de vida al nacer es de 73.7 años para la población indígena, en comparación con el promedio nacional de 75.4 años en 2005 (CDI, 2010).

Efectivamente la situación de las mujeres indígenas es doblemente complicada, por razones discriminatorias y por el contexto enajenante a las que se les ha sometido. El género, la maternidad y la desigualdad, son construcciones que se constituyen en torno a los saberes puestos en circulación en el orden de lo común y que esto es una afectación entre lo público y lo privado que nos coloca y nos define.

Procuremos acciones afirmativas a favor de la equidad de género, que deberán volcarse con  el resto de la población a fin de construir una cultura de paz, libertad,  igualdad y buenos tratos, en donde se evite a toda costa la discriminación. Así pues, las acciones que favorezcan la equidad de género y que vayan  orientadas a mujeres, niñas y niños indígenas, deberán tender a desmantelar las supuestas verdades impuestas por el orden moderno colonial de género y raza que son asumidas y naturalizadas.

Sólo en la medida en que recuperen y se les devuelva lo que les ha sido negado (incluso su identidad), las mujeres y niñas indígenas verán una identidad más libre y una sociedad menos opresora y colonizante. Para ello debemos aspirar a la solidaridad y diversidad como forma de conocimiento la cual, es el reconocimiento de la y del otro como igual.

 

Finalmente, este 9 de Agosto conmemoramos el Día de las Poblaciones Indígenas del Mundo cuyo objetivo es reivindicar sus derechos humanos desde una perspectiva social, cultural y política a través de su dignificación, toda vez que han sido socavadas por discriminación a lo largo de la historia. En nuestro continente, aún sobreviven luchas cotidianas en las que las mujeres indígenas participan en organizaciones entrando en contacto, en mayor medida, con otros actores sociales con los que intercambian experiencias y conocimientos, analizando desde la perspectiva de género los procesos de formación, educación y desarrollo, trayendo como resultado cambios que pueden llevar a la construcción de identidades colectivas dispuestas a hacer transformaciones sobre los sistemas genéricos que las oprimen. Contribuyendo a estos nuevos análisis y participaciones, la Red Nacional de Refugios se une manifestando que debemos sumar acciones para la garantía del ejercicio pleno de todos los derechos.

 

 

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