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HISTORIAS EN EL SILENCIO PROSTITUCIÓN INFANTIL Y ADOLESCENTE

Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, 2007

A propósito del 4 de abril, Día Mundial contra la Prostitución Infantil, la Red Nacional de Refugios comparte este interesante artículo que ha preparado UNICEF acerca de la prostitución infantil y adolescente, abordando diversos análisis acerca de su persistencia, cotidianidad e impunidad. Sin duda todas las expresiones de Explotación Sexual y Comercial Infantil son atentados graves a la dignidad y los derechos humanos de las niñas, niños y adolescentes, por lo que al identificar estos actos, UNICEF nos presenta una investigación acerca de estas inadmisibles de transgresiones en América Latina. Es menester comentar, que el texto se retoma del original para guardar la autenticidad del mismo, siendo diferente para las imágenes, las cuales fueron seleccionadas por la Red Nacional de Refugios a fin de no seguir el fomento a imágenes estereotipadas de esta práctica, invitando con ello a romper con estereotipos y apegarse a la realidad que hiere la infancia.

“La explotación sexual comercial infantil refiere a la utilización de personas menores de 18 años de edad en actividades sexuales, eróticas o pornográficas para la satisfacción de intereses o deseos de una persona o grupo de personas a cambio de un pago o promesa de pago económico, en especie o cualquier otro tipo de regalía para la persona menor de edad o para una tercera persona.La explotación sexual comercial toma la forma de actividades sexuales eróticas remuneradas, de pornografía y de espectáculos sexuales. Las actividades sexuales eróticas remuneradas con personas menores de edad no se restringen a las relaciones coitales, sino que incluyen también cualquier forma de relación sexual o actividad erótica que implique acercamiento físico-sexual entre la víctima y el explotador (prostitución, a efectos de esta investigación). La pornografía infantil y adolescente incluye las actividades de producción, distribución, divulgación por cualquier medio, importación, exportación, oferta, venta o posesión de material en que se utilice una persona menor de edad o su imagen en actividades sexuales explícita, real o simulada, o la representación de sus partes genitales con fines primordialmente sexuales o eróticos. Los espectáculos sexuales consisten en la utilización de personas menores de edad, con fines sexuales o eróticos, en exhibiciones o en espectáculos públicos o privados.

Estas formas de explotación sexual comercial infantil pueden llevarse a cabo a través de diferentes modalidades, según la procedencia del explotador o de la persona menor de edad, y es posible dividirlas en demanda de explotadores locales, demanda de explotadores extranjeros y trata. La demanda de explotadores locales es la manifestación más común y consiste en la utilización de personas menores de edad en cualquiera de las formas de explotación sexual comercial por explotadores nacionales o extranjeros residentes. La demanda de explotadores extranjeros, turistas, visitantes en viajes de negocios, etcétera (turismo sexual) ocurre cuando son extranjeros o turistas quienes utilizan a las personas menores de edad en cualquiera de las formas de explotación comercial mencionadas. La trata de niños, niñas y adolescentes con fines de explotación sexual comercial ocurre cuando una persona menor de edad es trasladada localmente de una región a otra o de un país a otro para someterla a cualquier forma de explotación sexual comercial. Esta investigación refiere exclusivamente a la explotación sexual comercial infantil y adolescente (en adelante, ESCIA) englobada en la prostitución, por explotadores locales; deliberadamente deja fuera la pornografía, los espectáculos, el turismo sexual y la trata.

Se considera el fenómeno de la ESCIA en un cruce de dimensiones donde se advierten las relaciones de dominación masculina y adultocéntricas, aspectos económicos y políticos, dentro de la sexualidad entendida como construcción socio-histórico-cultural. La ESCIA es una situación bastante cotidiana y, contra lo que el sentido común podría decirnos, el carácter de ilegalidad que supone no la coloca en los márgenes de la sociedad. La situación de ESCIA forma parte de la vida de muchos niños, niñas y jóvenes de nuestro país, en diferente escala y de diversos modos, más allá de sus vulnerabilidades individuales previas. Está presente de manera directa en la vida cotidiana de las personas, en el entramado social, no en los márgenes. Asumir esta premisa implica asumir nuestra cuota de responsabilidad en la reproducción de estas situaciones que son por demás impunes.

Se considera que la prostitución constituye un hecho social, que trasciende la particularidad del acto de comercio sexual entre personas y los aspectos psicológicos de los directamente involucrados. En tanto tal, es reveladora de prácticas, ideas, actitudes y comportamientos que desconocen los derechos humanos y forman parte de una organización social destinada a perpetuar relaciones de dominación. Carole Pateman (1988) afirma que «la prostitución es parte del ejercicio de la ley del derecho sexual del varón, una de las maneras por las cuales a los varones se les asegura el acceso a los cuerpos de las mujeres». Puede afirmarse que, más que varones, se trata del derecho sexual de quienes sustentan la masculinidad hegemónica, mientras que los subordinados —es decir, aquellos sobre quienes estos tienen un acceso asegurado—constituyen un grupo heterogéneo que incluye las múltiples manifestaciones de lo femenino en cuerpos de mujeres, las masculinidades subalternas manifestadas en distintas formas de homosexualidad masculina, y aquellos otros: travestis, transexuales, transgénero e intersex.

Se trata de una relación de mercado, donde «la persona posee […] como mínimo un estatus de mercancía, ya que ella es su objeto de comercialización» (Rostagnol, 2000). La persona se reduce a mercancía. Sin embargo, el aspecto más crítico probablemente sea que: [La sociedad] construye a las mujeres que se prostituyen para convertirlas en una versión del Otro en su propia sociedad […] la mujer que se prostituye no es una mujer común y corriente. Una vez que ha sido marcada como prostituta, todo lo que una mujer hace y piensa es filtrado a través de ese lente, transformando su manera de ganarse la vida en su identidad de género (Nencel, 2000: 83). El hecho social prostitución implica distintos grados y tipos de violencias, presentes de formas más o menos manifiestas, lo cual se agudiza al observar la explotación sexual comercial de niñas, niños y adolescentes.

A efectos de esta investigación, la Declaración de Estocolmo tiene la doble virtud de la comprehensividad y la consensualidad: […] la explotación sexual comercial de menores es una violación fundamental de los derechos del niño. Ésta comprende el abuso sexual por adultos y la remuneración en metálico o en especie al niño o niña y a una tercera persona o varias. El niño o niña son tratadas como objetos sexuales y mercancías. La explotación sexual comercial de los niños constituye una forma de coerción y violencia contra los niños, que puede implicar el trabajo forzoso y formas contemporáneas de esclavitud.

 

Los niños, niñas y adolescentes en situación de prostitución ven vulnerados sus derechos humanos, y la sociedad en su conjunto tiene el deber de otorgar su titularidad a todas y cada una de las personas. Este hecho existe a lo largo y ancho del mundo. Constituye una de las mayores violencias a las cuales un grupo de menores de edad está expuesto cotidianamente. Sin embargo, es un fenómeno al cual las ciencias sociales han prestado muy poca atención, al igual que los decisores de políticas públicas.

 

La generalización del fenómeno y su falta de visibilidad exigen ahondar en las representaciones sociales de la ESCIA a fin de develar al menos alguno de los pliegues que la ocultan. Lejos de constituir un todo homogéneo, las representaciones sobre la ESCIA suponen interacciones y conflictos entre los sentidos homogéneos instituidos y otros que pugnan por instituirse, estos probablemente más críticos. Es así que se establecen tipologías de personas y hechos que no solo responden a imágenes de la realidad, sino que además constituyen sistemas clasificatorios tendientes a preservar el orden establecido, es decir, a mantener intocables a los clientes y a considerar inmorales o víctimas de su situación de pobreza a quienes están en situación de prostitución.

 

Existen algunos elementos claves para una aproximación a la comprensión de la prostitución de niñas, niños y adolescentes:

 

 La autoprostitución adulta no está penalizada; por ello se tiende a hacer extensiva la no penalización para el caso de los adolescentes.

 Existe confusión entre categorías acusatorias y moralizantes, por una parte, y categorías analíticas, por otra. Una persona en situación de prostitución es considerada moralmente despreciable.

 En la prostitución, la fantasía es el producto más vendido, de modo que aquello que la sociedad desarrolla como fantasía tiene un valor de verdad por encima de la realidad empírica.

La existencia de niños y adolescentes en situación de explotación sexual comercial es un fenómeno complejo y su interpretación conlleva la dificultad de traspasar algunas miradas heredadas que colocan a la pobreza en un lugar privilegiado para explicarlo. Sin desconocer que la pobreza influye fuertemente en la configuración de vulnerabilidades, es necesario ir más allá, romper con los sociocentrismos para alcanzar un análisis más comprehensivo del fenómeno. El sentido común sociocéntrico tiende a pensar que las personas que viven en situación de pobreza tienen mayor tolerancia hacia la prostitución, que no existen prejuicios al respecto pues constituye un recurso al que echan mano en caso de necesidad económica, y se las percibe como una población con mayor permisividad sexual. Sin embargo, del trabajo de campo con adolescentes mujeres y varones que viven en condiciones socioeconómicas muy vulnerables se desprende que tienen prejuicios sobre el ejercicio de la prostitución en esos contextos e inclusive sobre quien la ejerce o la ha ejercido en algún momento. Sin pretender generalizar estas observaciones, interesa mencionarlas para mostrar que en algunos sectores, aunque se viva la prostitución más de cerca y vinculada a la cotidianidad, los estigmas están presentes, y quienes se encuentran o han pasado por una situación de prostitución intentan ocultarlo. Es necesario aclarar, también, que en muchos casos el prejuicio está depositado en aquellas situaciones estereotípicas de la prostitución (femenina, ejercicio en la calle, en un local, de forma permanente), pero no incluyen otras situaciones (prostitución encubierta), que se viven con mayor tolerancia o aceptación.

Estas representaciones se vinculan estrechamente a cómo se piensa y se vive la sexualidad. En algunas entrevistas a adolescentes varones y mujeres de estos contextos, se percibe que la sexualidad es vivida sin reflexividad.

 

La ESCIA es un fenómeno heterogéneo que presenta distintas modalidades. Los tipos de prostitución, las razones por las que los niños y adolescentes ingresan y continúan en ella son muy diversos, como lo son los padecimientos o las satisfacciones que puedan obtener. Es necesario tener presente la multiplicidad de situaciones (muchas veces contradictorias entre sí) incluidas en la prostitución infantil: desde ingresos forzosos hasta otros que constituyen formas de afirmación de una identidad sexual, en la mayoría de los cuales existe un espacio de decisión del adolescente, que actúa como agente.

 

El ingreso a la situación de ESCIA

 

Es importante reconocer que en ciertas circunstancias la prostitución llega a ser una opción. Este reconocimiento ciertamente es interpelante, pero además exige una reflexión acerca de las características que convierten a la prostitución en una práctica considerada no deseable para nadie. Existen adolescentes que la consideran una opción. La pregunta que se impone es con qué están contrastando la prostitución, cuáles son las condiciones de vida que consideran menos deseables. El análisis sobre las modalidades del ingreso y la permanencia en la situación de prostitución ofrecen pistas para entender algunos comportamientos de estos adolescentes.

 

Tipología del ingreso:

 

 Ingreso a red por engaño y estancia contra su voluntad

 Ingreso paulatino a una red con «aceptación»

 Ingreso paulatino por cuenta propia

 Búsqueda de una manera posible de desarrollar su identidad sexual

 

Mecanismos facilitadores para el ingreso a la situación de prostitución

A lo largo del análisis propuesto se constata que, lejos de constituir un fenómeno marginal, la prostitución infantil forma parte del tejido social y de las prácticas sexuales de la sociedad. Esto significa que constituye una práctica social, negada, invisibilizada, pero siempre presente.

 

 Familia

 

Las familias, sean cuales sean sus conformaciones, además del lugar de la contención y el afecto, constituyen con frecuencia lugares de socialización de violencia basada en género y de dominación adultocéntrica. En la mayoría de los casos se constata la existencia de situaciones de violencia familiar, así niños, niñas y adolescentes huyen de sus familias en busca de lugares más tranquilos.

 

 Abuso sexual

 

Un estudio realizado en cinco países de la región estima que el 47% de las niñas explotadas sexualmente habían sido víctimas de abuso y violación (Herrera, 2003). En diversas instancias las adolescentes planteaban una clara diferencia entre besar, abrazar y tocar; esto último era asociado al abuso, al manoseo. Numerosos diálogos han dado cuenta de ello.

 

 Escuela

 

Se espera que las instituciones educativas, además de su rol académico, proporcionen un espacio para el crecimiento emocional, afectivo y social de los niños y adolescentes. Sin embargo, de manera creciente en los últimos años, estas se han ido convirtiendo en lugares de violencia entre pares y de desamparo emocional y afectivo para el alumnado. En general, la mayoría de los adolescentes en situación de prostitución han abandonado el sistema educativo, habían repetido algunos años o estaban cursando con extraedad. Planteaban que en la escuela, las clases los aburrían y tampoco encontraban un espacio atractivo de encuentro con sus pares.

 

 Redes sociales débiles

Hubo un caso de pornografía infantil en el cual se logró desbaratar la red. Algunas de las personas entrevistadas involucradas en el proceso señalaron que se había trabajado con una red barrial. Esto muestra que una red social fuerte facilita la intervención que ponga fin a la situación de explotación en que se encuentren menores de edad. Lamentablemente, en la mayoría de los casos no existen las redes sociales capaces de llevar adelante acciones como la descrita. Procesos sociales más amplios, cuyo análisis excede este estudio, hacen pensar en un comportamiento crecientemente individualista, que tiende a separar grupos sociales. La calle deja de ser un lugar de intercambio y sociabilidad entre las personas para ser vista como zona de peligro por algunos y espacio de vida por otros.

 

Mecanismos que facilitan la permanencia

 Imposibilidad de aislar el problema

 Aspecto físico de la niña, niño o adolescente

 La familia legitima la situación

 Naturalización de algunas situaciones: abuso y abandono/prostitución

 Abuso policial

 Arreglos con las redes

 Arreglos con el personal de las instituciones del Estado

 Dificultades para establecer la denuncia policial

 Mecanismos judiciales débiles.

 Revictimización

 

La prostitución infantil está invisibilizada, lo cual no significa que se trate de un fenómeno desconocido, sino que se lo oculta. De tal modo, estamos ante un fenómeno que implica violencias y que es intrínsecamente violento, constitutivo de la trama social e invisibilizado. Aquí se proponen algunas hipótesis sobre el silenciamiento y la invisibilización que a continuación detallamos:

 

a. La estigmatización enlazada con la criminalización permite que la prostitución permanezca invisible. La invisibilidad es condición de existencia de la práctica social. En ese mundo invisible, la violencia y la explotación se desarrollan impunemente. La estigmatización enlazada con la criminalización silencia a los adolescentes, mujeres y varones, en situación de prostitución. La ausencia de voz de los sujetos supuestamente vulnerables y explotados sexual-comercialmente no les permite alcanzar el estatus de persona; son dichos pero no dicen, son objetos, no son sujetos. En tanto los mayores perjudicados carecen de voz —y reconocimiento social— para gritar, el resto de la sociedad permanece tranquila y tranquilizada. «El problema no es tal», y cada uno de los directamente beneficiados de la prostitución de niños y adolescentes puede continuar con su negocio.

 

b. La impunidad asociada a esto permite que se fortalezca el reduccionismo de la prostitución infantil a los niños y adolescentes en esa situación. El problema no es de los menores de edad —aunque ellos sean las principales víctimas—; el problema es de la sociedad que tramita parte de su sexualidad por medio de estas prácticas.

c. La ESCIA constituye una economía escondida, al igual que el tráfico (de personas, de armas, de drogas). Su visibilidad termina con un negocio que da muchas ganancias,

tantas que es posible comprar a agentes de los Estados. Aunque es muy cuestionable el carácter de trabajo de la prostitución infantil, es preciso dar cuenta del dinero generado por la actividad y la cadena de intereses económicos ligada a perpetuarla.

 

d. Todo lo relacionado con la prostitución es eminentemente político, tiene que ver con la política sexual, con relaciones de dominación a través del control de las sexualidades. La invisibilidad permite continuar con el sistema de dominación instituido. El orden de género y generación que atraviesa las relaciones sociales tiene en el control de las sexualidades un mecanismo privilegiado de reforzamiento del sistema de dominación masculina sobre mujeres, varones que quedan fuera del modelo hegemónico y otros cuerpos. En esta relación de profunda asimetría, los cuerpos de las mujeres, y de las muy jóvenes en especial, están a disposición de los varones para satisfacer sus deseos sexuales. Es en la prostitución donde esta relación puede satisfacerse de manera más plena Los «mandatos» culturales sobre la feminidad y la masculinidad permiten que ciertas prácticas cercanas a la prostitución pasen desapercibidas y, por lo tanto, con frecuencia la situación de prostitución es vista como una cuestión de grados, no de derechos.

 

Por otra parte, los mandatos sociales indican que el cuerpo de la mujer está al servicio del deseo del varón; es él quien debe gozar y ella complacer.

 

 

f. La mayoría de los clientes necesitan que el fenómeno se mantenga en la invisibilidad. A lo largo de la presente investigación hemos arribado a algunas conclusiones que deben ser consideradas primarias:

 

1. La ESCIA es inseparable de la prostitución adulta. No se evidencian diferencias sustanciales en las modalidades y los lugares de ejercicio de la prostitución debidos a la edad. Es decir que los niños, niñas y adolescentes en situación de prostitución comparten espacios y modalidades con los mayores de edad.

 

2. La prostitución es la consecuencia de la demanda; sin embargo, el cliente no solo permanece invisible, sino que no existe una sanción social respecto a su comportamiento.

 

3. La prostitución infantil no puede reducirse a un emergente de la pobreza; también existe en sectores sociales medios y medio-altos; en estos casos existen eficaces mecanismos que encubren el fenómeno.

 

4. Las intervenciones policiales y judiciales son ineficaces. En ambas instituciones hay limitaciones de distinto tipo que dificultan o directamente impiden una actuación efectiva.

 

A través de lo expuesto se intentó mostrar que la prostitución infantil constituye un fenómeno complejo, para cuyo abordaje y comprensión es necesario descentrar la mirada: no solo dar atención a las niñas, niños y adolescentes en situación de prostitución sino en la sociedad en su conjunto. El fenómeno es constitutivo de la trama social; existe y se perpetúa por esa razón. Sin embargo, no es posible dejar fuera a las principales víctimas de este fenómeno, justamente los niños y adolescentes. Es preciso darles la voz, permitir que ellos y ellas puedan presentar sus propias perspectivas, se constituyan en sujetos, para entender también el lugar que la prostitución ocupa en sus vidas y tomar conciencia de con qué parámetros la comparan y la valoran. También es necesario observar, a través de las múltiples razones de sus ingresos y permanencias en la situación de prostitución, la heterogeneidad y complejidad del fenómeno: las muchas cosas diferentes a las que refiere la expresión prostitución de niños y adolescentes. Existen niños y adolescentes en situación de prostitución porque existe una sociedad que tramita parte de su sexualidad por esta vía, y porque el negocio de la prostitución infantil está plenamente inserto en el sistema económico, no es marginal.

 

Hay una violencia instituyente del fenómeno, que este a su vez reproduce y refuerza. La dominación masculina y adultocéntrica tiene en el control de la sexualidad un mecanismo privilegiado. La prostitución infantil la pone en acto y su práctica la refuerza y reproduce a toda la sociedad. Solo resta preguntarse: ¿cuál es la cuota parte que nos corresponde en esta violencia?, ¿cuáles son los mecanismos que empleamos para quitarnos el problema de encima? Este breve acercamiento a la problemática de la prostitución infantil y adolescente, aunque incompleto —ya que deja fuera algunas modalidades —, pone en evidencia la necesidad de una política integral que debe ser desarrollada desde el Estado. Esto significa, en primer lugar, que el Estado debe asumir que la prostitución infantil y adolescente es un problema de su competencia y, por lo tanto, que su erradicación implica el desarrollo de una serie de políticas y programas acordes con la magnitud de la ESCIA en todas sus modalidades.”

 

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